La senda del espejo,
dibujó los trazos de mi cuerpo,
se inventó mis sonrisas,
imagino cicatrices en mi piel,
marco cada lunar con un poco de luz,
busco en el fondo de mi corazón,
una cerradura en la que guardaba mi alma,
me contemple mirándome...una niña,
jugando a esconderse de su reflejo,
con un muñeco...un triste peluche sin vida,
es todo el amor de una niña,
es la ternura dormida en sus brazos,
y en cada noche la acompaña.
Abri los ojos,unas dieciocho primaveras
pasaron por mi rostro,
ahora es casi una mujer,
es un espejismo desconfiado,
es la inocencia ya madura,
el deseo convertido en prisión,
el amor,ha echo añicos sus alas de niña,
su pelo desvocado,por mis recuerdos
se tiñe y es una marioneta,
empujada por la sociedad,
quizás solo sueña algo extraño,
y anhela lo que no existe,
a un peluche se aferra cada noche,
para no escapar con la soledad,
a ese paraíso irreal...
¿es que no hay nadie a quién hablar?
¿no hay nadie a quién abrazar?
Al despertar,las arrugas se presentaron sin avisar,
hay marcas debajo de las heridas,
hay dolores y rencores sepultados de por vida,
el tiempo se detuvo,casi un siglo más tarde,
temblé sin querer,el miedo me enveneno,
el frió me hizo esclava de la vejez,
del tiempo que no para,para dejar de crecer,
pues toda meta es morir,
morir de amor,morir de tiempo,
morir por soledad,morir por morir,
una anciana con ojos de plata,
acuna un peluche ciego,
la senda del espejo recorrí y el viento,
solo dejo polvo,solo dejo cenizas,
y en el suelo quedo
un peluche sin dueño en el olvido,
y el reflejo de una niña,
que llora y sonríe,que dice adiós
y se vuelve ceniza...
Laura Fuentes Vega(22/04/07)













